Budapest, la capital de Hungría, se encuentra en las dos orillas del río Danubio. Esta situación geográfica le da un singular panorama: el río, que formó este territorio durante miles de años, le da un horizonte amplio y una atmósfera abierta a la ciudad, y al mismo tiempo une las dos partes, Buda y Pest, de manera tan armoniosa que el visitante que lo observa desde el Bastión de los Pescadores (en la colina del Castillo de Buda) o desde el monte Gellért (monte Gerardo) debe reconocer que está contemplando uno de los panoramas más bellos del mundo. Por esta razón, no solamente el barrio del Castillo de Buda está declarado Patrimonio de la Unesco, sino toda la vista que se ofrece desde allí sobre ambas orillas. Budapest, con sus casi 2 millones de habitantes, es una verdadera metrópoli europea y un importante destino turístico. La historia de Budapest refleja la historia de todo el país.
El territorio actual de Budapest fue habitado por los celtas; luego los romanos dejaron muchos restos (entre los siglos I y V), como por ejemplo las ruinas del anfiteatro en Óbuda (durante el Imperio romano se llamaba Aquincum, capital de la provincia de Pannonia) o los mosaicos que decoraban sus viviendas. En la época de las grandes migraciones vivieron aquí hunos, ávaros y eslavos, y en el siglo IX llegaron desde los montes Urales las tribus magiares (en español: húngaros; en húngaro: magyar). Según las investigaciones, el año 896 se considera el de la ocupación definitiva de esta parte del continente (la llamada cuenca de los Cárpatos) por los húngaros. El país se integró en Europa como país católico en el año 1000, con el rey San Esteban, quien fundó varios obispados. La Edad Media fue una época de apogeo (salvo la devastación de los tártaros en 1242). En el siglo XV, durante el reinado del rey Matías Corvino, la cultura y las artes alcanzaron un nivel muy alto, solo comparable con las cortes italianas y francesas. Lo que acabó con este desarrollo y florecimiento cultural fue la invasión del Imperio otomano, que empezó con la trágica batalla de Mohács en 1526 y siguió con la ocupación del castillo de Buda en 1541. Los turcos (los otomanos, con el otro nombre) dominaron Hungría aprox. 150 años. Durante esta época muchos húngaros abandonaron el país hacia el norte, buscando lugares más tranquilos. En los siglos XVI y XVII los turcos solamente construían balnearios y algunas mezquitas, o convertían las iglesias católicas en mezquitas; el país no avanzaba ni económica ni culturalmente. La reconquista se llevó a cabo en 1686 con la ayuda de las tropas aliadas austriacas y húngaras, incluso españolas, dirigidas por el capitán Eugenio de Saboya. En el siglo XVIII ya empezaron las construcciones nuevas y las reconstrucciones de los edificios medievales; de esta época son muchas iglesias barrocas, casas y palacios de la nobleza. Budapest experimentó su desarrollo más vertiginoso en el siglo XIX. La unificación de Buda, Pest y Óbuda en 1873 impulsó aún más las obras y los proyectos grandiosos de la capital.
Los húngaros tuvieron que luchar también contra los austriacos, que querían dominar el territorio húngaro después de haber ayudado en la reconquista. Al final, los húngaros no tenían posibilidad ni suficiente poder militar para lograr un reino totalmente independiente de Viena, y por eso aceptaron un „Compromiso” en 1867. En virtud del „Compromiso”, el emperador austriaco Francisco José I fue coronado en la iglesia de Matías de Buda, con la Sagrada Corona húngara, como rey legítimo de Hungría, junto con su esposa, la bella Sisi; al mismo tiempo, el rey tenía que reconocer a Hungría todos los derechos de un país independiente en sus asuntos interiores. Este llamado „Compromiso” trajo bienestar y paz al país, aunque había políticos húngaros de aquellos tiempos que criticaban este acuerdo con Austria.
En esta época se construyó la mayoría de los edificios que definen el carácter de la ciudad, como el Parlamento, la Ópera, la Gran Sinagoga, la Basílica de San Esteban, el Mercado Central, los cafés, hoteles, bancos y otros edificios administrativos. A finales del siglo XIX ya se viajaba en tren desde varias estaciones de ferrocarril hacia las costas del mar Adriático, el lago Balaton, Austria o los montes Tatra. Este gran desarrollo económico lo paró la Primera Guerra Mundial: Hungría perdió más de la mitad de su territorio. El último rey de la Monarquía Austrohúngara (Carlos IV de Habsburgo) tuvo que renunciar a su trono (1922) y emigrar a Portugal. Después de la guerra Budapest jugó un papel aún más importante en el país como centro de la industria y la economía, ya que otros centros industriales que antes pertenecían a Hungría quedaron fuera de sus fronteras. Como consecuencia, muchos húngaros quedaron fuera de su país, y hoy en día todavía sigue la polémica sobre cómo resolver el estatus de los húngaros que viven en los territorios perdidos (en Transilvania 1,5 millones, en Eslovaquia 500 mil, en Serbia y Croacia unos 200 mil). La Segunda Guerra Mundial causó la mayor devastación: casi el 30 % de los edificios de Budapest quedaron arruinados; muchos palacios, iglesias y bibliotecas fueron saqueados, y los puentes, volados por los nazis.
Después de 1945 se llevó a cabo muy rápido la reconstrucción. Según el modelo soviético empezó la construcción de la dictadura comunista. Desde 1948 hasta 1990 no había oposición legal en el Parlamento, solamente el Partido Socialista Obrero Húngaro (MSZMP). Al principio de la dictadura se realizó la estatalización (o expropiación) de las grandes propiedades privadas, como por ejemplo, en Budapest, los palacios y edificios de alquiler de la burguesía, y en el campo la tierra de cultivo. Quitaron las propiedades (sobre todo escuelas y conventos) a la Iglesia. El país quedó aislado de Occidente por el „telón de acero”. En 1989 ya empezaron algunos cambios económicos y políticos. Se abrió la frontera hacia Austria (en el año 2009, con ocasión del 20.º aniversario, Angela Merkel visitó, cerca de la ciudad de Sopron, el punto donde se cortó por primera vez la valla fronteriza y se dejó salir a los que querían emigrar). En 1990 se organizaron las primeras elecciones democráticas después del comunismo. Tenemos una democracia parlamentaria; el Parlamento se elige cada 4 años. El primer ministro es el jefe del Gobierno. El Parlamento elige cada 5 años al presidente de la República, que representa a Hungría de forma neutral en eventos culturales y solamente tiene derecho a intervenir en la política cuando hay dudas de que una nueva ley que se va a aprobar no sea compatible con la Constitución del país. El 1 de mayo del año 2004 el país entró en la UE. Sin embargo, la moneda oficial sigue siendo el forint.